martes, 13 de octubre de 2009

Heptasílabos

El alma quieta, ayer:
podía renunciar
a la escritura. Como
haber periclitado
-¿la terapia?, ¿los libros?-
las emociones. Sé
que escribir es tener
violentos movimientos
en el alma, y que duren;
la sobriedad indigna.
Y en eso estoy: minúsculo,
aquietado, imparcial,
como un cero a la izquierda
de toda sensación;
no son largas las horas,
los dramas son ajenos,
y me sorprendo mucho
de que la gente sufra.
Ecuánime, objetivo,
hoy por hoy sólo soy
un escriba prolijo,
nimiedad que disuade.

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